Te llevo dentro

Hace siete años comencé a soñar con el proyecto La Sanahoria, me propuse hacerlo real, lo proyecté, nació, abrió por primera vez sus puertas al público, gustó. Mi creación, mi hijo, había aprendido a caminar y había sobrevivido a las dificultades de toda nueva aventura. Pronto comenzó a dar frutos y creció tanto, que superó mi capacidad de manejarlo, pero nunca me imaginé que alguien más lo haría suyo y menos que yo terminaría fuera del proyecto. Esto ha ocurrido hace menos de un mes y todavía me cuesta asimilarlo.

Pese a que vender bien un negocio es la ambición máxima de un start up, y aunque siento un alivio profundo y tengo ilusión de embarcarme en nuevas travesías empresariales, me siento triste y nostálgica. Una marca es un ser vivo y, si la has creado con cariño y cuidando cada detalle, sientes un vínculo tan potente, que roza el apego.

De los siete años de crecimiento, me quedo con la primera etapa de “mi bebé”. Cuando mi prima Mariana, la co-fundadora, y yo descifrábamos qué era el retail de alimentos, de la mano de Felipe, el Chino y Amarilis. Seguro lo hacíamos mal, pero había frescura en ese “no sé qué mierda estoy haciendo”, en la ingenuidad, en la ilusión, en las risas. Poco a poco fuimos madurando. El éxito del negocio nos trajo retos, demasiados, y por momentos pensé que La Sanahora iba a terminar convirtiéndome en la Insanahoria, por el nivel de estrés.

Nunca pensé que llegaría este momento, insisto. Pero salgo satisfecha. Hicimos buenas cosas. Y ahora el proyecto está en manos de personas idóneas en todo sentido.

Se lo voy contando de a pocos a la gente, que me preunta: ¿Ahora qué vas a hacer? Y me encanta responder que ahora tengo el 100% del tiempo pra hacer música y escribir. Pero no lo haré sin antes regalarme una pausa, un silencio para escucharme, antes de dar nuevos pasos, a consciencia y alineados con lo que soy en esencia. La Sanahoria nunca será lo mismo, yo tampoco sin ella, pero ambas tenemos derecho a crecer y ser mejores, más sabias, más experimentadas, con nuestros duelos a cuestas.

La vida es una constante despedida. La melancolía y la resistencia a soltar, pronto evolucionarán, sentiré un alivio y la ligereza me conducirá, sin prisas y sin pausa, a las aventuras que están esperando por nacer, crecer y tener luz propia.

Gracias La Sanahoria. Fuiste una gran maestra. Me moldeaste como empresaria de retail, me retaste, fui guerrera por ti. Yo, que sudaba frío cuando tenía que enfrentarme a los números, ahora veo cifras, las entiendo y además atesoro un instinto de supervivencia que me permite ver las grietas. Me enseñaste a lidiar con todo tipo de clientes enfadados, con gente maravillosa, como los proveedores y colaboradores. Aprendí a cuidarte, a sentirme tu guardiana fiel. A no avergonzarte ni defraudarte. Y siempre veré por ti.

Te quedas en las mejores manos.  Estoy contenta. Ya puedo cerrar los ojos y dar el primer paso. Uno a la vez.

La Sanahoria en Calle Libertadores
Marca Blanca La Sanahoria

Publicado por pamelardrgz

Autora/ Compositora/ Cantante

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